jueves, 14 de enero de 2010

El hombre-patata


- ¡Anda, qué curioso!, ¿qué nombre le has puesto?

- Pues la verdad es que no he sido muy original: hombre patata, o potato-man, in English.

- Pues… no es muy original, la verdad, pero el hombrecillo es super curioso. ¿Dónde lo encontraste?

- El otro día, en la frutería. Me había quedado sin patatas para la tortilla de patatas de los martes por la noche, así que fui a la frutería de la esquina, rebusqué entre el montón de patatas. ¿Sabes?, soy muy especial para las patatas: no me gustan ni muy grandes, ni muy pequeñas, y a poder ser de las rojas sin lavar (son las mejores para hacer tortillas).

- Vaya, pues va a ser por eso por lo que a mí no me sale tan buena la tortilla…

- Y bien, ahí estaba yo rebuscando las patatas perfectas, cuando de repente, ¡zas!, el hombrecillo apareció colgando de una de las raíces de una preciosa patata roja.

- ¿Y qué hiciste en ese momento?

- Pues me quedé atónita: nunca había visto nada igual: un hombrecillo de unos ocho centímetros de largo, con un mono azul, camiseta de cuadros rojas y amarillas, y un sombrerito de paja… como los granjeros que aparecen en las películas americanas… Lo cogí con mi mano derecha mientras que con la izquierda sujetaba la patata, y me lo acerqué al oído, pues movía los bracitos con mucha rapidez y su rostro estaba tan colorado como la patata a la que se estaba enganchado.

- ¿Y pudiste comprender lo que te intentaba decir?

- Pues la verdad es que no, creo que habla algún idioma muy raro… o es que tiene un acento muy cerrado. Le pregunté al chico de la frutería por la procedencia de las patatas, y me dijo que las traen de la huerta murciana… así que supuse que era un murcianico mu cerrao… y por más que lo he intentado, no consigo entenderlo.

- Es muy gracioso, me encantaría tener un hombre-patata a mí también…

- Pues por ahora que yo sepa, sólo se ha descubierto este en España y otro en 1975 en un pueblo remoto de Carolina del Sur.

- Y si te diera dinero por él… ¿me lo venderías?

- ¡¡¡No!!!, es muy valioso, y casi se diría que un talismán. Incluso he llegado a un acuerdo con él, pues aunque yo no le entienda, parece que él sí me entiende a mí.

- ¿Sí?, ¿qué acuerdo es ese?

- Pues me lo llevo a las mejores fruterías para que él mismo elija las patatas que más le gustan, y a cambio mantiene a raya a todas las cucarachas de la casa.

- ¡Pues qué suerte que tienes hija…! ¡Ya tuviera yo un hombre-patata para mí sola!

jueves, 31 de diciembre de 2009

Un buen día


Hoy es un buen día para morir. Dejar atrás esta vida mundana, plagada de decepciones amiguiles y lastres financieros, y pasar a otra dimensión, a otro mundo paralelo en donde sea yo la que mueva los hilos de las marionetas. Hoy es un buen día para morir: hace sol, los niños están jugando en el parque y tardarán en notar mi ausencia. Tal vez deje hecha la comida del jueves, pues como a mí a nadie más le sale tan rico el cocido. Sí, si muero hoy el jueves será mi entierro y podrán comer mi cocido a modo de homenaje, mientras yo, despojada de esta prisión ingrata de huesos y carnes, contemplaré el ágape como desde el otro lado de la pantalla. Siempre me he preguntado qué pasaría si en una película los actores se detuviesen a contemplarnos, mientras engullimos palomitas como si sólo en las tardes de cines existiera tan rico manjar. Y es que puedo pasarme el resto del año ignorándolas, pero es entrar en un cine, y no puedo concentrarme si no como palomitas….

Ya que he tomado la decisión tengo que darme prisa. Tal vez me introduzca en la bañera con agua bien caliente y acaricie mis muñecas con el filo de una navaja… pero seguro que eso duele mucho… y si mi marido llega antes con los niños…. La que se puede liar… de todos modos mi bañera es pequeña y debería meterme en cuclillas…. No es romántico morir desangrada de cuclillas… Otra opción sería ingerir una ingente cantidad de pastillas… sí, eso mejor… pero ¿cuáles?, y si las mezclo con alcohol… creo que así será más rápido. A ver, en el botiquín hay termalgines, gelocatiles, dulcolaxos, y frenadoles. Si mezclo un poco de todas en un vaso con agua y le añado un buen chorro de ron… no sé, tal vez me pille una buena cogorza mientras me da por cagar compulsivamente… sin obtener resultados letales, y mi intento fallido de suicidio quede en una de esas anécdotas que se cuentan a la familia cuando se cena en Nochebuena.

- ¿Sabéis lo que le pasó hace un mes a Isabel?, pues se emborrachó con ron y le dio cagalera…

Si es que encima tendría que soportar las burlas…

¿Y si dejo abierta la bombona de butano? Tal vez así ni me dé cuenta de que me estoy muriendo… pero entonces tendré que dejar ya hecho el cocido, y me estoy quedando sin tiempo… ¡MADRE MÍA, QUÉ TARDE QUE ÉS!!!!!, todavía no he comprado la carne ni las verduras, y los garbanzos… no los dejé anoche en remojo….

Otra vez será, no tengo tiempo ni de suicidarme…

martes, 29 de diciembre de 2009

Synaesthesia

Synaesthesia is one of the most powerful linguistic devices that a descriptive text can make use in order to reach full vividness. From Ullman's linguistic analysis of synaesthesia we know that this tendency to combine and crystallise various sensory domanis in one is a common feature of all literary ages (Don Enrique Alcaraz, class notes, 2004)



Synesthesia from Terri Timely on Vimeo.

via: http://diariodelhombreinvisible.com


viernes, 4 de diciembre de 2009

La lágrima onanista


Cuando el sol me acaricia el desnudo
rostro

con sus DEDOS dorados,

Una lágrima resbala por mis
mejillas

NO ES UNA LÁGRIMA

Es un mundo, un microcosmos, un universo
En donde habitan mis más

HONDOS

sentimientos…

domingo, 18 de octubre de 2009

Daniel y el enano azul


Tras correr por el bosque durante una hora sin mirar atrás llegó a un claro. Los árboles se apartaron rápidamente de su camino y el enano azul salió a su encuentro. Fue como una exaltación, pues desde que su padre le contara aquel cuento para dormir Daniel siempre había soñado con encontrar uno y pedirle tres deseos. Sus miradas se cruzaron y un escalofrío comenzó a recorrer el cuerpecillo sudado del niño.

- Quiero un abrigo, tengo frío.

Y el enano sacó un abrigo de una saca que llevaba colgando a un lado.

Daniel, cuyos padres siempre le habían dicho que pensara mucho las cosas antes de decirlas, se detuvo un par de minutos pensando qué otra cosa poder pedir. Siempre había sentido intriga por saber qué pasaba dentro de los árboles cuando oscurecía, y también se había preguntado muchas veces si él sería capaz de encontrar el conejo blanco de Alicia. Tras una breve pausa que para el niño parecieron horas, se decidió a pedir su segundo deseo:

- Quiero poder trepar por los árboles y poder colarme por los todos los agujeros.

El enano azul metió una mano en uno de sus bolsillos, y lanzó un extraño polvo plateado sobre la cabeza de Daniel. Éste sintió un leve cosquilleo recorriendo su cuerpo, y poco a poco fue menguando hasta que el abrigo que acababa de pedir parecía tener el tamaño de un edificio de cuatro plantas. Se acercó corriendo a un árbol y comprobó emocionado que era capaz de trepar por él. Y comenzó a correr y correr tronco arriba hasta que encontró un hueco y se introdujo en él. En ese instante un rayo de luna se abrió hueco de entre las sombras del bosque e iluminó las gotas de rocío que albergaba el hueco en el tronco del árbol. Tras contemplar durante varios minutos su imagen reflejada en una de las gotas, Daniel comprobó aterrorizado que se había convertido en un escarabajo…

Y en ese instante se dio cuenta de que ya había pedido tres deseos…

miércoles, 12 de agosto de 2009

... y se marchó...



Se fue.
Sigilosamente.


Bajó uno a uno los peldaños que descendían hacia el jardín comunitario, y se marchó.

Para siempre.


Creía que lo nuestro era de verdad, una historia de amor de esas que llenan los cines, revientan taquillas y transforma el amor en productivo merchandising…


Pero se fue.


Quién me lo iba a decir hace tres años, cuando nuestros caminos se cruzaron. Él, sentado sobre un banco, dejaba que el sol le acariciase esa carita tan dulce. Yo, atareada como siempre, llegaba tarde a una cita, una de esas tantas que acaban en un simple café y un “ya te llamaré… si eso”. De pronto me miró, y esos ojos me hipnotizaron de tal manera que sentí como un pellizco en el estómago…


… y supe que él me haría más feliz que ningún otro hombre…


Tres años ha durado nuestra historia. Tres…


Ingrato, después de haberle servido día a día su comida favorita, de haberle dado todas las caricias del universo, todos los besos que me guardaba sólo para él… de haberle colmado de mimos y atenciones…


Tal vez debería haberte hecho caso, Fermín, pero caparlo me resultaba demasiado cruel.

lunes, 10 de agosto de 2009

Anochecer en la playa...


- ¿A qué saben tus besos?

Y tus palabras fueron arrastradas por el cálido viento del sur, acariciando levemente nuestros cuerpos desnudos… cubiertos sólo por una fina capa de arena. El sol se había refugiado ya tras los montes pelados de pinos, y a lo lejos… brillaba un lucero, con tanta fuerza que parecía una luna más. De izquierda a derecha surcaron el tapiz del cielo nocturno unas cuantas lágrimas de San Lorenzo…

Fue entonces cuando supe cuál era la respuesta.

- No sé, la verdad es que nunca me he probado.