
“¿Cuánto dura el amor eterno?”, le preguntó el hormigo a la elefanta, a lo que ésta respondió “Creo que un microsegundo”.

Sentir que con cada bocado te arranco la vida
y la engullo envuelta en saliva;
que con cada mirada saboreo tus pupilas,
hasta tenerte devorado de pies a cabeza,
coleteando bajo mi vientre…
Sentir tu sangre recorriendo mis venas,
oxigenando mis células con tu aliento…
mientras más me adentro,
más me pierdo entre tu cuerpo.
Ser andrógino, unión perfecta,
tú, que hiciste temblar a los dioses,
me haces estremecer de placer,
mientras te digiero…
Bocados de placer, fruta prohibida;
me derrito entre tus brazos
y me transformo en el agua que bebes,
en la carne que comes,
en el aire que respiras…
Y al final de la batalla
quedan los restos del banquete.
Tu cuerpo, tendido en la mesa,
y al lado el mío, deseando que te regeneres
para volver a tenerte devorado entre mis dientes.
Poema publicado en la revista AUCA nº15,
Foto: escultura titulada "El beso de Rodin", museo del Louvre
Se fue.
Sigilosamente.
Bajó uno a uno los peldaños que descendían hacia el jardín comunitario, y se marchó.
Para siempre.
Creía que lo nuestro era de verdad, una historia de amor de esas que llenan los cines, revientan taquillas y transforman el amor en productivo merchandising…
Pero se fue.
Quién me lo iba a decir hace tres años, cuando nuestros caminos se cruzaron. Él, sentado sobre un banco, dejaba que el sol le acariciase el rostro mientras descansaba plácidamente. Yo, atareada como siempre, llegaba tarde a una cita, una de esas tantas que acaban en un simple café y un “ya te llamaré… si eso”. De pronto me miró, y esos ojos me hipnotizaron de tal manera que sentí como un pellizco en el estómago…
… y supe que él me haría más feliz que ningún otro hombre…
Tres años ha durado nuestra historia. Tres…
Ingrato, después de haberle servido día a día su comida favorita, de haberle dado todas las caricias del universo, todos los besos que me guardaba sólo para él… de haberle colmado de mimos y atenciones…
Tal vez debería haberte hecho caso, Fermín, pero caparlo me resultaba demasiado cruel.
(Publicado en el Diario Información en septiembre de 2009)